#desayunos, #dulce, #reflexiones

Yogur de leche de coco

o de cómo, después de varios intentos desafortunados, por fin he encontrado la receta de yogur de coco que me chifla, y alguna reflexión sobre los lácteos…

Con mi nuevo cambio de alimentación, en busca de mejora a mi contínuo malestar (#diarreasmil), a principio de año decidí ponerme seria con el asunto y eliminar de mi dieta todo lo que pudiera provocarlo. (Si tienes tiempo y te apetece puedes leer cómo me ha ido mi primer mes #sin, o saber un poquito más de mí y cómo he llegado a esta situación, simplemente pincha sobre los links! #muchosestamosigual).

Ya llevo dos meses #singluten #sinlácteos #sinrefinados, y la verdad es que la mejora ha sido brutal. Todavía sigo viendo alguna reacción curiosa de mi cuerpo a algún alimento (maíz y creo que al exceso de frutas secas), pero sigo pendiente de mis progresos #diarreriles #hablandoclaro.

La cuestión es que además, estoy aprendiendo muchísimo! Hasta ahora jamás me había interesado mucho por los temas de alimentación saludable (#tontademí), sin embargo ahora estoy leyendo mucho sobre si tiene sentido o no restringir ciertos alimentos, por qué debemos o no hacerlo y si hay fundamento real detrás de estas decisiones.

Así que a la par de investigar sobre el yogur, también he querido leer sobre si es cierto que los lácteos son tan perjudiciales como los pintan. Yo no soy vegana, ni tengo intolerancia a la lactosa ni a la caseína (a nivel de pruebas). Así que en principio, mi privación de lácteos se ha basado en la recomendación de mi doctora y en ver cómo reaccionaba mi cuerpo a este cambio.

Pero como me he quitado muchas cosas de golpe y eso me ha hecho empezar a comer más sano que nunca en muchos sentidos, no sé hasta qué punto me han influido los lácteos en particular.

Aunque nunca he sido persona de tomar leche, ni si quiera de comer yogur a diario, ahora soy consciente de que prácticamente toda la bollería envasada, los embutidos y muchísimos otros productos que consumía, los llevaban de una manera u otra.

La cuestión es que investigando las opiniones de diferentes nutricionistas, me he dado cuenta de que realmente todavía no hay un consenso sobre si los lácteos son beneficiosos o perjudiciales para nuestra salud. Hay grandes detractores que se apoyan en estudios para afirmar incluso que hay relación entre lácteos y cáncer, y otros que usan otros estudios diferentes para demostrar lo contrario.

Y con el tema de la inflamación, pasa lo mismo! A pesar de lo mucho que había oído sobre que los lácteos nos inflaman, hay muchos estudios que avalan el extremo opuesto: que los lácteos (sobretodo los fermentados) poseen cualidades anti-inflamatorias. Justo esta mañana leía un artículo muy curioso de Ricardo Estévez, donde habla de esta dualidad y explica que según el tipo de individuo (sano, con alteraciones en el aparato digestivo, etc…) y basándose en las conclusiones de muchos estudios, parece que los efectos de los lácteos puedes ser pro o anti-inflamatorios dependiendo del estado de la persona en concreto.

Así que no…no está claro, y parece depender mucho de la persona en concreto! Por lo que de momento (y teniendo en cuenta que yo tengo la zona muy sensible) lo que voy a hacer es intentar minimizarlos. Y si algún día me entra mono de queso, poder comer un trocito sin problemas.

Creo que la decisión correcta es comer más equilibrado, ampliar nuestros horizontes a ingredientes más variados, y que no solo unos pocos monopolicen nuestra dieta. Así que: #bienvenido a casa yogur de coco! Ya tienes tu huequito en el segundo estante de la nevera!

Como os he dicho, nunca he sido muy de yogur, pero basta saber que no puedes comer algo, para que te entren irremediables ganas de hacerlo. Así que me puse manos a la obra!

…Intentos fallidos y de lo que he aprendido con ellos

Mi primer #round: con leche de coco comprada, probióticos y un bote

Cuando empecé con mis experimentos #yoguriles hace un par de semanas no tenía yogurtera, y como según muchísimas recetas de otros blogs no es estrictamente necesaria, me embarqué en la aventura sin ella (#apaloseco).

La primera técnica que probé hablaba de hacer yogur de coco simplemente con un bote grande, probióticos y tiempo de reposo para que a temperatura ambiente los #bichitos comenzaran a hacer su magia. Más fácil imposible pensé!!!

Pero algo pasó a medio proceso, porque a la mañana después de remover el yogur cuando llevaba 24 horas fermentando, mi preciado bote apareció con más de la mitad de la leche llena de burbujas. Podía incluso oír pequeñas explosiones y olía como a pan fermentado (#WTF!!!)

Intenté buscar qué podía haber pasado, pero en ninguna parte nadie hablaba de que eso pudiera pasar! Ni en blogs de habla hispana, ni en blogs de habla inglesa…nada! Sólo encontré alguna referencia a que a veces las bacterias pueden reaccionar si remueves el yogur con cuchara metálica (pero la he usado en mis otros intentos y ésto no ha pasado), que tal vez se podría haber mezclado algo de levadura involuntariamente de la cocina, o que podría ser que mis probióticos fueran demasiado potentes (#quiéndamás?)

Así que ahí tenéis cómo mis primeros dos botes de leche de coco biológica, de hiper calidad, con 80% de pulpa de coco #sinningúnaditivomás, junto con dos pastillas de carísimos probióticos se fueron al garete!

Mi segundo intento: con la Crockpot

La clave del yogur es precisamente esa temperatura estable, ni muy alta ni muy baja, para que fermente como toca.

Y muchísima gente explica cómo hacerlo usando métodos alternativos a la yogurtera. Algunos muestran cómo a ellos les va bien dejándolo reposar entre mantitas eléctricas, hornos con la luz encendida, y otros cómo lo consiguen cerca de los radiadores de sus casas.

Pues bien, como esta Navidad pasada mi Secret Santa me regaló una sencillísima pero eficaz olla de cocción lenta, decidí seguir las instrucciones para prepararlo en la Crockpot.

Al ser el cuerpo de la olla de cerámica, teóricamente éste aguanta el calor durante mucho más tiempo y crea el entorno ideal para las bacterias.

Generalmente a la hora de hacer yogur, la leche se calienta (sin que llegue a hervir) y luego se espera a que se temple hasta llegar a unos 40 Cº antes de añadir #losbichitos. Todo este proceso con la Crockpot es factible, pero #leeeento y tienes que estar pendiente en varias ocasiones.

Se supone que después de echarle el iniciador, dejas la leche en la propia cuba cerámica, bien tapada con toallas para que el calor aguante bien. Pero en mi caso, ésto no bastó. Es como si no hubiera llegado a acidificar como debía, ya que al probarlo pareció como si simplemente fuese leche de coco con un poco de yogurt mezclado, y nos sentó pesadísimo.

El yogur necesita una temperatura cálida y estable durante muchas horas para que las bacterias se activen correctamente. Y aunque no dudo que este método pueda funcionarle a otras personas que vivan en zonas con temperaturas más estables, en Mallorca en invierno, hay mucha diferencia de temperatura durante el día (podemos llegar a 20 grados) y la noche (5 graditos). Así que tal vez haya sido simplemente eso.

Así que aquí van otras tres latas de leche de coco de las buenas, y esta vez como fermento preferí usar un yogur de coco comprado (las pastillas de probióticos me las ha recetado la doctora para que reponga algunos tipos de bacterias que tengo bajas, y con lo cara que es la marca específica que me ha recetado, no quería jugármela a gastarlas en otro yogur fallido).

A la tercera va la vencida! Con yogurtera, no falla…

Después de la decepción de la Crockpot, me planteé lo siguiente: Llevo casi más gastado en ingredientes tirados, que si me hubiera comprado una yogurtera desde el primer momento! #mepartoderisa

Así que ya un poco frustrada, decidí comprármela! Es un aparato barato, y aunque yo me he decidido por una un poco más grande porque voy a hacer muchas pruebas para otras recetas que llevan yogur vegetal, con la más simple es suficiente! Su técnica de funcionamiento es muy fácil, así que os animo a que si estáis empezando a pensar en hacer vuestros propios yogures (del tipo que sean), os compréis una baratita. O incluso, hay un montón de webs que venden objetos de segunda mano y las encontraréis por cinco o diez euros! Así si al final no la usáis mucho, no os sentiréis mal por haberos gastado un pastón y tener otro #chismessinsentido ocupando espacio en la cocina.

La cuestión es que tanto por su textura, como por su acidez, ahora sí que puedo decir que…HABEMUS YOGUR!!!!

Cómo hacer tu yogur de coco

Yogur de leche animal vs yogur de leche de coco

El punto de partida para hacer yogur es calentar la leche, luego dejar que se atempere para poder añadir el iniciador escogido (otro yogur, polvitos de probióticos o un iniciador para yogur), y por último mantenerlo a temperatura constante hasta que fermente.

El yogur hecho con leche animal tiene suficiente lactosa (el azúcar propio de la leche) como para alimentar a las bacterias y permitir que éstas crezcan y acidifiquen el yogur. Además, también se espesan de manera natural al fermentar.

Sin embargo, al ser la leche de coco de origen vegetal, tenemos que darle alguna #ayuditaextra que la leche animal no necesita. Y con “ayudita” me refiero a que a medio proceso tendremos que añadirle miel (o el endulzante que prefiráis) para suplir esa lactosa que no tiene de forma natural, y también gelatina en polvo (para que una vez refrigerada coja la textura típica del yogur).

Qué leche de coco uso?

El hacer nuestro propio yogur casero, además de darnos la opción de tunearlo a nuestro gusto, tiene la ventaja de poder controlar totalmente los ingredientes que lleva. Así que buscad leches de coco cuyo único ingrediente sea coco, sin aditivos ni espesantes (o haced vuestra propia leche casera).

En mi caso he de decir que, aunque pudiera parecer lo contrario, y después de haber hecho pruebas tanto con leche casera como con comprada, yo prefiero con la comprada.

La razón principal es que la leche industrial tiene más ajustada la cantidad de coco que lleva y podemos escoger el porcentaje que prefiramos (podemos escoger entre 60, 70 e incluso 80% de extracto de coco). Sin embargo, conseguir un nivel similar de extracto haciéndola casera es bastante laborioso y al final sale igual de caro (o más) que si comprásemos la leche ya hecha.

Pensad que para un espesor similar, cada 200 gr de coco (yo usé coco rallado y no coco natural) junto con 750 ml de agua, se consiguen sacar unos 400 ml de leche de coco. Así que para llegar al litro, necesitaríamos repetir el proceso por lo menos dos veces (con el trabajo que ello conlleva). Además la concentración al final es un poco menor y al hacer el yogur tiende a separarse más.

Es por ésto que si tenéis acceso a una leche de coco comercial de buena calidad, que no lleve aditivos y tenga un buen precio…yo personalmente os aconsejo que os evitéis todo el trabajo que conlleva hacerla casera. Si por el contrario no os es fácil conseguirla, adelante! #máscaseroimposible

Cuando vayáis a comprar la leche, fijaos que las etiquetas ponen el porcentaje de extracto de coco y el de agua que lleva (como os comentaba antes). Yo los dos primeros intentos lo hice con leche de coco biológica súper concentrada (80% extracto y 20% agua) y me sentaron excesivamente pesados. Así que he encontrado mi punto ideal en una leche del 60%.

Os dejo dos marcas que tienen este porcentaje, que son fáciles de encontrar en cualquier supermercado chino, y que los yogures salen divinos! Una es de la marca Aroy-D (ojito que Aroy-D tiene diferentes leches de coco, y algunas llevan aditivos!!!), y la otra es de Savoy.

También he probado con otras marcas de leche biológica, de las que suelen tener más separada la grasa del agua, pero a mí no me han quedado igual de bien. No sé por qué, pero he hecho varios intentos y no me ha quedado la textura tan fina. Así que muy a pesar mío, he vuelto a las leches de coco normales (sin aditivos, pero no de agricultura biológica).

La leche de coco tiene mucha grasa (la leche que uséis tiene que contener más del 16% de grasa), por lo que nuestros yogures también la tendrán.

Pero no pasa nada, la grasa no es algo que haya que demonizar! Y por si estáis tentados a usar una de las leches de coco bajas en grasa o de las líquidas que venden en el super en plan leche para beber…no lo hagáis, porque sólo conseguiréis #aguachirri.

Sed conscientes y simplemente no os comáis medio litro de yogur en una sentada!

Cómo espesar nuestro yogur de coco?

Veréis que hay muchas recetas que en vez de usar gelatina (o agaragar si sois veganos), usan algún tipo de almidón como espesante.

Y aunque es una opción, la textura que dejan es un poco diferente a la del yogur original. Les deja una textura menos fina y más pastosa, por lo que yo prefiero usar gelatina. Aunque ésto es cuestión de gusto personal, así que os animo a que probéis ambas opciones y decidáis cuál os convence más a vosotros.

Para mezclar la gelatina en polvo, yo prefiero sacar un poco de leche en un vaso aparte, calentarla mucho en el microondas, y echarla allí para poder controlar que se disuelve totalmente y que no quedan grumos. Cuesta un poco, así que removed bastante y ayudaos con una cucharita para #chafar todas las bolitas que puedan formarse.

Si lo que queréis es hacer un yogur totalmente #vegano, cambiad la gelatina por #agaragar.

La comida para nuestro bichitos: endulzantes

El endulzante también lo añadiremos en este momento, con la leche caliente para que se disuelva bien.

A mi me gusta usar una cucharada sopera de miel (pero podéis usar azúcar, sirope de arce o de ágave). Y no os preocupéis o penséis que estáis haciendo una aberración al añadir dulce, porque que cuando el yogur esté listo, no quedará nada de estos #azúcares (porque nuestras bacterias se los habrán comido!). Realmente será como si vuestros yogures fueran #naturales (y no azucarados).

Pensad que, en los yogures con leche de origen animal, con el proceso de fermentación las bacterias se “comen” de manera natural casi todo el azúcar presente en la leche (la #lactosa) y lo convierten en ácidos lácticos. Fijaos cómo personas con un nivel no muy severo de intolerancia a la lactosa, pueden comer sin problemas yogures (sean o no específicamente #sinlactosa). Ésto es porque después de la fermentación, poco queda de este azúcar.

Pues bien, con la miel que añadimos a nuestra leche vegetal pasa lo mismo!

Qué iniciadores usar?

Una vez ya hemos mezclado nuestro espesante y edulcorante con la leche, ahora nos toca dejar atemperar la mezcla para poder echar el fermento. Y aquí tenéis varias opciones: usar como iniciador un yogur vegetal comercial (de coco, soja o incluso yogur de leche de vaca si no sois veganos), un yogur de una tandada anterior que hayáis hecho vosotros mismos, usar cápsulas de probióticos en polvo (que es una opción que no recomiendo, porque puestos a comprar…comprad directamente los iniciadores específicos de yogur!!!) y los iniciadores de yogur.

Yo en mis diferentes pruebas he usado yogures de coco de diferentes marcas. Mi preferido es de la marca Happy Coco!, pero podéis usar cualquier yogur vegetal que especifique que es un producto fermentado (ojito porque está lleno de #cremitas vegetales espesadas con almidones que no han visto una bacteria en su vida!).

Os aseguro que usar yogur como iniciador es muy buena opción y dan un resultado estupendo, sin embargo a veces me encontraba con que quería hacer yogur pero que me faltaba el yogur iniciador (y tenía que salir a comprarlo), y otras veces me pasaba lo contrario, que compraba yogures pensando en hacer yogur en casa, y al final se me caducaban sin hacerlo.

Así que al final me decidí por comprar iniciadores de yogur por internet y después de ver el buen resultado que dan, para mí es la opción más cómoda! Se pueden tener meses en la nevera (vienen en sobrecitos individuales), y con cada sobre puedes hacer una tanda nueva y luego usar uno de los yogures sobrantes para volver a hacer otra tanda sin que pierda fuerza.

Atemperar y hacer el yogur

La temperatura ideal para que las bacterias que nos interesan estén bien a gusto y se reproduzcan #delolindo ronda los 40Cº.

Por ello atemperar bien la leche es un paso crítico! (pensad que si echáis las bacterias a) la leche demasiado caliente, vais a #achicharrar a los #bichitos obreros encargados de convertir nuestra leche en yogur).

Para controlar que la leche esté a esta temperatura, os ayudará tener un termómetro de cocina de esos que tienen un pincho largo metálico (no cuesta ni diez euros en Amazon y además os será muy útil muchas otras preparaciones). Es una estupenda inversión!

Si os da pereza hacer el gasto, una manera de comprobar que la leche ronde esa temperatura es ser capaces de tener el dedo metido en la leche durante varios segundos cómodamente. Si al poco rato sentís la necesidad de sacarlo porque os empezáis a quemar, es que todavía está demasiado caliente. Si podéis aguantar bien, ese es el momento de añadir el yogur.

Cuando la leche está en su temperatura justa, toca echarle las bacterias para que pueda empezar el proceso.

Este paso también me gusta hacerlo lentamente, no vaya a ser que los #bichos se asusten! Así que pongo en un vaso un poco de la leche de coco (ya tibia) y allí le añado las cucharadas de yogur o el sobre de iniciador, lo remuevo bien para asegurarme de que no queda ningún grumo. Y después ya lo echo con el resto de la leche.

Luego ya sólo queda encender la yogurtera, meter el líquido en los vasitos sin tapa y poner la tapa de la yogurtera. Yo la programo 9 horas y para mí es la acidez perfecta #esoescuestióndegustos, pero vosotros podéis ir adaptando el tiempo de fermentación a vuestro propio gusto (cuantas más horas, más ácido!).

No sabéis la ilusión que me hizo ver cómo pasado el tiempo, los yogures ya se veían un poco cuajados y cómo el sabor ya tenía ese punto ácido tan característico del yogur (#lagrimones de alegría!).

Cuando el yogur está listo, se suele formar un líquido en el fondo de los vasitos (no os asustéis, no es más que el agua de la leche de coco que se separa!). Removed bien con una cucharita, tapad y a la nevera. Ahora será el momento donde la gelatina comenzará a hacer su magia y evitará que el agua se vuelva a separar.

Además con la cantidad de gelatina de la receta, queda una textura ideal! Queda cuajadito pero, al metértelo en la boca, enseguida se funde de forma cremosa y aterciopelada. Por eso es importante no pasarse con la cantidad, ya que si le ponéis demasiada, el yogurt parecerá una #gomadeborrar! Para un litro de leche, lo ideal son dos cucharaditas de té (y si usáis agar agar, un poquito más).

Y si queréis un yogur más denso, incluso podríais quitarle ese agua. Pero para mi estómago es mejor no reducirlo tanto, porque la grasa queda mucho más concentrada y me sienta pesado. Pero oye, cada cuerpo es un mundo y si vuestro estómago lo aguanta, y os gusta más por textura, adelante! #soyunanenaza

Ahora sí ya, os dejo aquí la receta:

Ingredientes y paso a paso

  • 1 litro de leche de coco sin aditivos 60% extracto (o más a vuestro gusto)
  • 1 yogur de coco comercial (o de soja) o un sobrecito de iniciadores de yogur.
  • 1 cucharada sopera de miel
  • 2 cucharaditas rasas de gelatina en polvo (o 3 de agar-agar )
  1. Poned la leche de coco en un cazo al fuego, y calentad a unos 50 grados (al no ser leche animal, no hace falta que la calentéis más! Pensad que cuanto más caliente, más tiempo os llevará atemperarla).
  2. Sacad un poco de la leche caliente a un vaso y echadle la gelatina, removiendo bien y dejando que se disuelva. Si le cuesta, añadidle más leche caliente, metedla unos segundos en el microondas y seguid removiendo hasta que se deshaga completamente.
  3. Echad la leche con la gelatina a la olla con el resto de la leche y mezclad bien.
  4. Añadid también la cucharada de miel.
  5. Ahora dejad bajar la temperatura de la leche. Podéis dejarla en el mismo cazo fuera del fuego, o pasarla a un bowl para que se enfríe más rápido. Tiene que bajar hasta unos 40Cº aproximadamente.
  6. Cuando esté a esa temperatura, sacad un poco de leche a un vaso y mezcladle el yogur comercial o el iniciador que vayáis a usar. Removed bien para que no queden grumos, y luego echadlo todo al resto de la leche.
  7. Encended la yogurtera, meted la mezcla en los vasitos sin tapar, metedlos en la máquina y tapadla.
  8. Programad a 9 horas si hacéis el yogur a partir de yogur (o lo que os indique en las instrucciones del iniciador para yogur que uséis). Al acabar el programa, si se ha separado el agua de coco en el fondo de los vasitos, removed bien con una cuchara (la gelatina evitará que se vuelvan a separar al enfriarse en la nevera), tapad los botes y refrigeradlo por lo menos 6 horas antes de consumir (aunque está mejor cuanto más tiempo pasa…os aseguro que a los varios días empieza a coger una textura divina!!!!)

Podréis tener vuestros yogures en la nevera unos diez días (bueno…no os voy a mentir…a mí las dos semanas me las aguantan perfectamente). Pero si creéis que no vais a consumir tantos, podéis hacer la mitad de la receta. A mí me va genial hacer esta cantidad porque estoy experimentando con otras recetas dulces y saladas que llevan también yogur, así que mi casa parece una fábrica yogurtera.

Ayer hice un pan de maíz con el que ya usé tres vasitos, hoy le he llevado a mi madre para que los probara, y obviamente yo estoy desayunando de lo lindo estos días…así que en nada me toca volver a hacer!

En fin, sé que el de hoy ha sido un post bastante largo, pero había muchas cosas que contar! Siempre he pensado que mejor pasarse que quedarse corto, y a veces me frustra buscar recetas donde sabes que no te lo “están contando todo”. Y bueno, no os voy a engañar, que me enrollo con mucha facilidad #escriboporloscodos!

Me encantaría saber si vosotros sois #prolácteos o si por el contrario intentáis llevar una vida #sin, y el por qué. Si os apetece compartir vuestro punto de vista, decidme cosas. Ya sabéis que yo soy una recién llegada a este mundo, y todavía tengo mucho por aprender!

1 comentario en “Yogur de leche de coco”

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