#desayunos, #dulce

Mermelada de fresa y semillas de chía

…o de cómo hacer una mermelada saludable sin azúcar y que quede con una textura similar a la de siempre!

Ya sé que ya hay cientos de recetas en la web de mermeladas saludables hechas con chía, y que básicamente todas son iguales, pero es que la época de fresas ya está aquí y ese color rojo tan llamativo me pedía a gritos que yo también publicara la mía! #unamás

La receta es practicamente como todas #nohaymisterio: fresas, chorrito de limón, chía y edulcorante al gusto. Casi todas las recetas son iguales (cambiando un poco las proporciones de los ingredientes), pero el resultado es muy parecido. En algunas webs también le añaden manzana, pero yo me he guiado por las que sólo llevaban fresa.

La he hecho inspirándome en las recetas de @danzadefogones y la de @postresoriginales, pero adaptando las cantidades a la textura y dulzor que a mí me gustan. Os dejo los links a sus páginas para que les echéis un vistazo, son muy interesantes!

Y aunque sé que con este post no estoy aportando nada nuevo, me hacía ilusión tener mi publicación propia y de paso, aprovechar para dar fe de que el resultado de estas mermeladas es muy bueno para no llevar azúcar! (Sé que esto pueda parecer obvio, pero no os imagináis la de recetas de todo tipo que he hecho en estos últimos meses, y la cantidad de ellas que se han ido directamente a la basura.)

Nunca he sido yo mucho de mermeladas #light. Y como no tengo costumbre de tomar mermelada, para una vez que como, siempre he preferido comerlas con todo el azúcar que toca (y que sean dulces, espesas y brillantes). Sin embargo, esta receta me interesa en concreto por la #chía.

Estas semillitas #mucilaginosas, cuando se ponen en remojo crean una especie de gel que es buenísimo para nuestra flora y el colon (#fibrasoluble). Y es precisamente este gel lo que le va a dar a la mermelada esa textura espesa y “gelatinosa” que buscamos.

Normalmente las mermeladas espesan, entre otros, gracias a la cantidad de azúcar que se les pone. Así que cuando se intenta hacer una mermelada con menos azúcar, la textura se ve muy afectada. Quedan como más #aquosas y el color es más mate (seguro que si os fijáis bien en los botes del super, veréis enseguida la diferencia).

Por eso el uso de la chía me parece dar un resultado estupendo, y aunque obviamente no quedan exactamente igual que la mermelada con azúcar….tampoco llevan la #tonelada de refinado que llevan las otras (Hay mermeladas que llegan a llevar un kilo de azúcar por kilo de fruta 1:1).

Además es curioso, porque al tener la propia fresa petitas, la chía al hincharse toma la misma forma, y te da la sensación de ser la propia fruta.

Al final del post os dejo un vídeo para que veáis la textura exacta que queda. Lo hice antes de meterla en la nevera, así que luego espesa un pelín más.

Tal vez no la use para las tostadas, porque para una vez cada tres meses que como, prefiero darme el #caprichito completo. Pero me parece ideal como complemento diario en yogures, para añadir una textura diferente a un desayuno, o incluso como recubrimiento de tartas de queso saludables.

No os olvidéis del chorrito de limón!

La primera vez que hice la receta, omití el chorrito de limón porque quería que fuera lo más dulce posible. Sin embargo, la mermelada me quedó con un color muy apagado #sinvida y no se veía muy apetecible.

Así que la segunda vez decidí ponérselo, y menudo cambio! Véis el vibrante color rojo de las fotos? #sinfiltros Yo prefiero ponerle simplemente un chorrito, pero si a vosotros os gusta el #punch de lo ácido, podéis ponerle un par de cucharadas sin miedo.

Usad fresas bien maduras

Ahora estamos en plena temporada de fresas y las estanterías de las fruterías están abarrotadas de ellas a super buen precio (esta semana he comprado varias tarrinas de medio kilo en el Lidl por 80 céntimos cada una!).

Así que id a vuestra frutería y buscad expresamente las fresas que estén más maduras. Incluso da igual si ya empiezan a ponerse un poco #blanduchas (mejor eso que no que tengan mucha parte blanca), porque cuanto más maduras estén, más dulce os quedará de forma natural la mermelada, y menos edulcorante tendréis que añadir.

Ingredientes y paso a paso

  • 500 gr de fresas muy maduras (se quedan en unos 400gr después de quitarles el rabito)
  • 1 chorrito de limón natural
  • 3 cucharadas soperas de sirope de arce (o cantidad a vuestro gusto). También podéis usar cualquier otro edulcorante si lo preferís: azúcar de coco, miel, o lo que tengáis a mano
  • 2 cucharadas soperas de semillas de chía
  1. Lavad las fresas, cortadles el rabito verde y partidlas en cuatro trozos cada una.
  2. Metedlas en un cazo y llevadlas a fuego medio unos 15 minutos (o hasta que tengan la textura que más os guste). Con el calor se irán “fundiendo”, soltando líquido y se comenzará a crear la mermelada.
  3. Si veis que los trozos de fresa están demasiado grandes, podéis terminar de chafarlos con un tenedor (a mí me gusta chafada pero con algún trocillo más grande para darle textura).
  4. Luego echadle el chorrito de limón y el sirope de arce (o el edulcorante que hayáis escogido) a gusto.
  5. Y ahora sacadla del fuego y echadle las dos cucharadas de chía. Removed bien y dejad reposar unos diez minutos, para que la chía vaya absorviendo el juguito de las fresas y vaya creando ese gel #milagroso que le dará la textura que queremos.
  6. Pasados estos diez minutillos, dadle el #meneito final y al bote!

Facilísima, verdad? En menos de media horita de principo a fin, tendréis una mermelada sana y rica.

Aquí os dejo el vídeo para que veáis la textura que queda al actuar la chía con su efecto mucilaginoso:

Eso sí, tened en cuenta que al no llevar casi azúcar (que es el conservante que hace que las mermeladas no se pongan malas), esta preparación se echará a perder mucho antes.

A mí las dos veces me ha durado más de diez días sin problemas, pero por si acaso, lo mejor es hacer cantidades pequeñas para no tener que tirarlas si no las coméis en ese tiempo.

Además tened en cuenta que con el paso de los días, irá perdiendo un poco de color y un pelín de textura…pero es el precio que se paga por no ponerle azúcar.

En fin, desde aquí me sumo al movimiento de mermeladas #saludables! Si os animáis, ya me diréis qué tal el resultado!

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